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Jesús Gázquez

Realizamos la entrevista el 11 de octubre de 2009 por la tarde en Las Casillas, el Pozo de los Frailes.
   

¿Recuerdas cuándo viniste por primera vez al Cabo de Gata?
Sí, la primera vez fue hace veintidós años y vine solo. Entonces se tardaba unas siete horas en coche desde Córdoba. Llegué a La Isleta del Moro, me senté en la mesa de una terraza de un bar donde no había clientes y al rato salió un señor que me preguntó si quería algo, le dije que una cerveza, y a los veinte minutos o así volvió con ella.
Aquello me hizo mucha gracia, y pensé que aquel podía ser un buen sitio para vivir. La lentitud para mí es algo muy importante. Y luego estaba por supuesto el paisaje y el silencio... es lo que yo buscaba. Durante muchos años estuve viniendo por aquí, en vacaciones, o incluso durante algún  fin de semana suelto. Y así, poco a poco, fui descubriendo rincones sorprendentes de esta zona.

¿Dónde te alojabas?
Paraba en una especie de cuadra que un alemán había rehabilitado como casa en Rodalquilar, un lugar bastante romántico que después no he encontrado a pesar de que alguna vez en que ha salido la conversación he dado datos y señales. Es un misterio, como si lo hubiera soñado.
De aquellos años recuerdo una taberna por La Fabriquilla en la que acabábamos pasando la noche después de estar toda la tarde cantando y tocando la guitarra. Y muchas noches durmiendo en la playa de los Genoveses, una cueva frente al mar habitada por un hippy solitario.

¿Eres de Córdoba?
Soy de Montilla, un pueblo de Córdoba, donde el vino fino. Luego viví en varios sitios, en Córdoba, en Granada, en la costa de Huelva, en el Pirineo.

¿En qué trabajabas?
Cuando vivía en el Pirineo trabajaba para un sindicato. Iniciamos un proyecto para dar vida y rehabilitar un pueblo abandonado en el Camino de Santiago, pero resultó un fraude porque nos topamos con grandes intereses económicos. Un poco lo de siempre.
Cuando vivía en Granada estudiaba Filología, pero lo dejé pronto. Luego  seguí estudiando en la Universidad a distancia y tampoco lo terminé.

¿Pues, cómo te defines?
¿En qué sentido?

En el sentido de profesión y de trabajo.
Bueno, lo mío es escribir. Pero no puedo vivir de eso, todavía. Es lo que más me gusta, bueno, mucho más que eso, es una necesidad.

¿Siempre fue así?
Siempre. Escribir y viajar, son mis dos pasiones, o mejor dicho necesidades. Además creo que viajar viene muy bien para escribir. Si hay un momento en el que puedo y tengo algún dinero lo utilizo para viajar.
Además estudié piano durante ocho años en varios conservatorios, pero también lo dejé porque la carrera es de catorce años, demasiado larga para mí.

 
   

¿Tienes un piano en casa?
Sí, claro. La verdad es que me relaja bastante. Y me parece algo emocionante el proceso de descubrimiento de una música a partir de la partitura, ese proceso que en mi caso es suficientemente lento como para saborearla.

¿Cual es tu música favorita?
Me cautiva Mozart porque es todo un reto. Aunque pueda parecer lo contrario es bastante difícil de tocar. Tuve la suerte hace unos años de asistir a un curso magistral en Córdoba de una mujer -creo que húngara- que se llama Rita Wagner. Aunque no participé directamente en el curso, el asistir a aquellas clases magistrales fue para mí toda una revelación. Los alumnos eran profesores que llevaban tocando el piano veinte, treinta años, y la clase consistía en interpretar una partitura al piano y después Rita la tocaba como realmente hay que tocarla, y comentaba los fallos de interpretación del alumno. Esta mujer era tan directa que algunos se marchaban indignados. El de los conservatorios es un mundo muy competitivo, con mucha vanidad y demasiado egocentrismo. 
Ella era especialista en Mozart y cuando tocaba parecía que sonara otra música, totalmente distinta. Aprendí muchísimo de aquella mujer tan sincera y entrañable, allí descubrí que una partitura es como un tesoro escondido que hay que saber encontrar.

¿Podrías dar un concierto en algún momento?
Se necesita mucho ensayo y no toco lo que quisiera. Pero me gustaría acompañar a una chica francesa que vive por aquí y que tiene una voz fantástica, con mucha fuerza, aunque esto para mí requiere mucho trabajo y tiempo. Pienso que en el arte tiene que darse cierta facilidad.

Volvemos al momento en el que decidiste instalarte aquí, ¿cuándo fue?
Tenía la idea de venirme a vivir al Cabo de Gata desde la primera vez que llegué, pero por temas de trabajo unas veces y por asuntos sentimentales otras no terminaba de lograrlo. Al final conseguí un traslado en la Junta de Andalucía y me dieron una plaza de conserje en el Instituto de Enseñanza Secundaria de Níjar.

¿En qué año fue?
En 2005. Antes de venirme a vivir a Las Negras estuve dos años viviendo en Níjar y fue una experiencia muy curiosa porque me ha parecido un pueblo muy especial. Es un salto en el tiempo con respecto a cualquier otro sitio. Es otra mentalidad. Aunque la gente de estos pueblos es bastante reacia a mezclarse con la gente de fuera.
Parecen tener cierto recelo de lo que viene de fuera y no se paran a pensar que muchos de los que decidimos venirnos a vivir aquí tal vez estemos interesados también en ellos, y eso es lo que nos diferencia del turista. No sé, es una cuestión de confianza y quizás de tiempo, aunque bien mirado todo parece ir empeorando.

¿Y por qué Las Negras y no otro pueblo?
Por el ambiente tan diverso, de gente distinta, no sé, un poco perdida de la vida.

 

La gente perdida de la vida, como tú dices, ¿eso te atrae por ser diferente a ti o te identificas con ellos?
Las dos cosas, me identifico y me atrae. Cuando uno cambia de sitio está buscando algo y está buscando algo porque huye. Ya te digo que me gusta cambiar, lo interesante de Las Negras es que hay mucha gente que viene como huyendo de algo.

¿Y la huida es un fenómeno que te interesa?
Claro, me interesa bastante. Creo que los que huyen son personas que tienen mucho que decir, pero que no lo dicen; no están en el sitio adecuado en el momento oportuno. Pero en un entorno donde se encuentran bien, pues, ahí puedes descubrir cosas interesantes en ellos.
Me interesa la gente que huye porque me da la impresión de que en el fondo lo hacen por dignidad. No se quedan en un sitio donde no se les permite ser. Para ellos no es fácil encontrar un lugar, una comunidad donde desarrollarse. La sociedad se alimenta de hipocresía. Yo vengo de un lugar con una sociedad, como diría, muy elaborada, y que me perdonen pero en sitios como Córdoba, como en muchos otros, son verdaderos maestros de la hipocresía. Las Negras me interesaba porque es una sociedad como por hacer todavía, y donde la gente que viene de fuera puede aportar visiones nuevas. Eso es lo que yo pensaba.
Pero a veces creo que he llegado demasiado tarde porque me he encontrado con otra cosa. El desarrollo salvaje ha empezado a crear tensiones entre la gente. Hay conflictos que corren el peligro de enquistarse y lo hemos visto con el tema de este verano. 

¿Este último verano ha sido especial?
Sí, ha sido especialmente duro. La gente en el verano se pone muy nerviosa  por el tema del dinero, y también el cambio político en el Ayuntamiento de Níjar creo que ha roto de alguna manera la paz que había. No se puede cambiar un pueblo radicalmente y sin diálogo entre todos los vecinos. La actitud de la policía local, a mi entender, ha sido absolutamente inadecuada, y el asunto de Klaus ha sido el colmo, realmente indignante.

¿Pero cómo, por influencia ideológica?
Bueno, los hechos hablan. No se puede pretender cambiar de manera tan radical e irracional la comunidad de un sitio sin caer en formas improcedentes. 

El pueblo en sí también ha cambiado mucho por las construcciones que se han hecho en los últimos años.
Sí, realmente pienso que Las Negras está perdiendo su identidad estética y espiritual. Se quiere cambiar la imagen del pueblo a cualquier precio. Desaparecieron cosas que le daban vida como El Chiringuito, el Festival de Calle, los puestos de artesanía, las caravanas de hippies, muchas manifestaciones artísticas tanto espontáneas como organizadas; siguió el acoso a gente que vive de distinta manera, por ejemplo a nudistas, etc. Es una pena.
Cuando llegué a Las Negras me encontré efectivamente con un grupo de gente que me recibió abiertamente, sin preocuparse de cómo piensas o a qué te dedicas. A mí esto me parece una lección de humildad. Se creó un vínculo importante e interesante, y eso no es nada fácil. Y ahora este vínculo quieren romperlo. Para mí es así.

Pero esa comunidad de gente son, si te entiendo bien, la gente que ha venido desde fuera para vivir aquí.
Casi todos, sí.

 

Yo también lo veo así. La sociedad del parque consiste en diferentes grupos, y uno de esos grupos somos los que venimos de fuera. Venimos de todos los lugares de España y del mundo entero. Es como lo has comentado, primero no sabes de dónde viene esa persona que acabas de conocer, quién es, si es rico o pobre, si es famoso o no, ¿y no te parece que muchas veces son gente creativa?
Claro. Es lo interesante. Insisto, esto se llama humildad. El desarrollo lamentablemente está acabando con todo este tipo de cosas, de sitios especiales, de gente distinta... es como una máquina que no se puede parar, pero aquí se veía otra cosa, cierta esperanza de parte de gente que viene con sus sueños y sus historias a cuestas, que como cualquiera han tenido que salir adelante en la vida y que sólo necesitan un poco de respeto para seguir viviendo lo más libremente posible.
Y otra cosa que he encontrado es mucha alegría, y eso, tal y como está el mundo, es para sentirse afortunado.

¿Para terminar quería preguntarte en qué proyecto literario estás trabajando ahora?
Bueno, como escribo lo que veo... pues ya te podrás imaginar. Además acabo de terminar un libro bastante extenso de poemas que estoy presentando a concursos porque es la única manera de editar poesía en este país, a ver si suena la flauta. Y también hay un proyecto de edición por aquí que esperemos que cuaje.

   

¿Pero  también estás con un guión para una película, no?
Todo empezó como una broma. Sabíamos que tarde o temprano llegaría el desarrollo a esta zona del mundo pero lo que nos ha sorprendido ha sido la rapidez y la agresividad con la que se está haciendo todo. Algunos llegamos a la conclusión de que una película podía ser nuestra protesta a toda la situación que estamos viviendo. Por supuesto en ella no faltan ni el humor ni la autocrítica.

¿Cuál es el título de la peli?
Las Negras, pero no por razones tan evidentes como pudiera parecer y que no voy a descubrir aquí. El guión lo hemos presentado a algún concurso. Tampoco necesitamos mucho dinero para realizarla, porque todo se haría desinteresadamente, con imaginación y ganas, así que si alguien nos quiere ayudar pues encantados, claro.

Tienes experiencias en concursos, ¿verdad?
Sí,  presenté un poemario a quince concursos al mismo tiempo y gané nueve de ellos. Fue sorprendente. Se trata del libro que quizás se edite por aquí próximamente.

¿Y cuántos libros tienes publicados?
Tengo tres libros editados: "El Norte del Desasosiego",  en la Editorial Ópera Prima, que fue presentado en Madrid por Antonio Gala y Gloria Fuertes, una maravillosa persona de la que guardo un recuerdo entrañable; "El Asombro", que fue premiado y editado por la Fundación María del Villar de Navarra; y "Escombro" que ganó el año pasado el concurso para poetas andaluces Ciudad de San Fernando y que ha sido editado por Huerga & Fierro.

* * *

Tres poemas

(Del poemario "Ríos", de próxima aparición)

Estuve con una mujer que no hablaba
Podía soñarlo todo con ella
El silencio trae extrañas ideas
A veces cerraba los ojos para creer que se había ido
Entonces la echaba de menos
La recuerdo haciendo las maletas
Cada uno miraba a un sitio
¿Es el amor un lugar común?
Maletas, tal vez el amor sea eso
Algo que sólo va con uno

Ahora vive donde no se olvida a nadie.

*

(Del poemario "Escombro")

Tirada en el suelo la luz
Amarilla de una farola fiel
Un perro asustado hace del mundo una lata vacía
El silencio del que calla no tiene fondo
Hasta aquí se arrastran los mudos sin cura
Es otoño en el corazón de los árboles
Pasando la noche en el parque
Se oye la ciudad crujir

Los vagabundos parecen árboles secos
Como si la vida no fuese con ellos
El poeta es anónimo
Por qué lo buscáis entre los vivos
De los árboles caen los árboles.

*

(De "Retratos del Polvo", poemario inédito)

CLARA

El viejo hortelano reposa bajo el pino en domingo
Las cebollas duermen en el cobertizo
La tierra se porta bien y hay que darle una tregua
Un día tendrá donde caerse muerto
Parece tranquilo en la sombra pero gruñe entre dientes
Mañana volverán los hijos
A romper la paz de los recuerdos
Esta nueva clase de hombres no descansa
A dónde van a llegar
En su empeño de acercar el mar a la casa
Esa parte de mundo que él nunca logró comprender.

Jesús Gázquez