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Introducción

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Arturo Fernández-Maquieira

Conversación con Arturo el día 4 de diciembre 2007 por la mañana en su casa en El Pozo de los Frailes.
 

¿Te acuerdas cuando viniste aquí por primara vez?
Sí. La primera vez fue hace mucho tiempo, cuando yo era muy pequeño, que me trajeron mis padres a visitar a mis tíos, Adela y Pedro, que  son los que viven en Almería. Estuvimos en Adra, en fin... pero digamos, la primera vez consciente que vine yo por decisión propia, fue cuando  Amaya y Miguel se vinieron desde Alemania a vivir aquí.

¿Miguel, tu primo...?
Sí, mi primo Miguel y Amaya, su mujer, se vinieron desde Colonia. Decidieron dejar aquello y venirse a vivir aquí.

¿Cuando fue?
Eso hace... exactamente... yo venia aquí con Patricia, la madre de mi hijo, todavía embarazada de Guillermo, y Guillermo tiene ahora 17 años... pues hace 18 años, que fue cuando Amaya y Miguel se vinieron. Se instalaron en la pequeña casita que compraron entonces en El Pozo, y donde han estado viviendo hasta que los niños han tenido la necesidad de ir al instituto, que se han trasladado a Almería. Pero siguen viniendo aquí todos los fines de semana y tienen una  vinculación muy grande con El Pozo. Ellos tenían acondicionada la casa para ser una academia de español para alemanes. Venía mucha gente...

...yo también estaba...
...contrataban profesorado seleccionado, chicos o chicas jóvenes bilingües.
El año que nos estábamos separando Patricia y yo, en concreto, porque habíamos hablado de separarnos en mayo, y en agosto nos vinimos todavía juntos de vacaciones, estuvimos primero en Málaga, en Torremolinos y luego nos vinimos aquí.
Fue aquí donde hace ...13 años, cuando vinimos en agosto, que al llegar a última hora de la mañana a casa de mis primos, aunque nosotros habíamos alquilado una casa en San José, recuerdo que al entrar en casa de mis primos, acababa el turno de clase, y salían los alumnos de las aulas y de una de las habitaciones salió una chica, que luego supe que era una de estas jóvenes profesoras contratadas, con los ojos hinchados de haber tenido una noche de estas de excesos veraniegos... y ...me gustó, me gustó tanto que dije; ¡Uyyy!,  ¿Y yo voy a estar aquí los días que esté con Patricia y con Guillermo (mi hijo), pero ya recién separado de hecho?... Y aquellos ojos, aquellos tenía muchas ganas de verlos mucho, mucho mas cerca de los míos, como así lo hice después, afortunadamente, durante unos maravillosos años.

¿En aquellos momentos vivías y trabajabas en Madrid?
Sí.

 
 

¿En qué trabajabas?
Yo trabajaba en la banca, en un banco privado de inversión y a punto de cambiarme al banco Santander Central Hispano. Es lo que he hecho durante veinte años, trabajar en tesorerías de bancos privados en Madrid.

¿Un trabajo estresante?
Sí, sí, muy estresante, mucha responsabilidad, manejar mucho dinero, en fin, trabajar con grandes fortunas y patrimonios que es a lo que se dedican los bancos privados y atender a los clientes más importantes del banco, al estar en servicios centrales. Yo llevaba el departamento de tesorería de divisas.

¿Entonces con corbata y todo el montaje...?
Sí sí, por supuesto, corbata y traje y jornadas muy largas de trabajo de 12, 14 horas, fines de semana con clientes, viajes continuos, teléfono y localizable las 24 horas para cualquier eventualidad, en fin una vida... yo era un poco como el personaje de la hoguera de las vanidades, ¿no?.  Al principio estaba encantado con mi trabajo, me gustaba mucho, era adicto a la adrenalina, a las preocupaciones, a las sensaciones fuertes. Me gustaba tener que tomar decisiones rápidas, manejar tanto dinero era un aliciente. Me gustaba, estaba viviendo la hoguera de las vanidades. Ganaba muchísimo dinero...

¿Y en que te gastabas este dinero?
Pues en vivir, comprando muchas cosas, y gastando mucho.

¿Lo típico; trabajar mucho, ganar mucho, consumir mucho?
Eso es... yo vivía en una fiesta continua. En mi casa había cenas de veinte personas o más, cuatro o cinco días en semana...  Después de separarnos Patricia y yo, me fui a vivir a una casa enorme en el centro de Madrid, al lado de la Gran Vía...

¿Fue la casa de Caballero de Gracia?
Efectivamente, donde siempre tuve compañeros de piso, entre otros y de los mas entrañables y divertidos, este amigo alemán común que tenemos. Mi casa era muy divertida. Me gastaba fortunas en hacer fiestas y cenas en mi casa. Una infinidad de anécdotas e historias se sucedían continuamente. Por mi casa, además, pasaba de todo; políticos, jueces, drogadictos, camellos, homosexuales, putas, lesbianas, ladrones, financieros, futbolistas de moda, modelos, adictos, diplomáticos, cantantes, actrices despampanantes... Había de todo, pasaba de todo, ya te digo, convivían en estas fiestas, donde se juntaban 200 personas, desde los apellidos más ilustres a las gentes más arrastradas, el lumpen más marginal, pues allí estaban, compartiendo mantel y copa...y por eso tenían tanto éxito. Pero lo que más me gustaba era dar cenas 3 ó 4 veces en semana, cenas para 20, 30 personas...

... ¿tú cocinabas?...
¡claro! Me encantaba, y compraba lo mejor de lo mejor. Me lo gastaba todo en vinos, mariscos, quesos, productos exóticos y todo tipo de delicatessen... en mis lujos, y me lo pasé muy bien, disfrutando mucho de todo... Así es que viendo la capacidad de convocatoria que tenía en mi casa, además, monté un bar... ¡como si no tuviera suficiente con organizar fiestas en mi casa! Pues cogí un local debajo de mi casa y allí inauguré un bar de copas, con lo cual ya mi vida fue...

... ¿es decir, dormías muy poco en aquellos años?...
... no más de cuatro horas diarias.

¿Cuanto tiempo duró  esta fase de tu vida?
Entre Caballero de Gracia, donde viví 8 años, y antes en el ático de Hermosilla dos años más...

¿Hubo un fin de este periodo, no?
Fue el destino el que decidió... Yo estoy acostumbrado a aceptar las cosas según vienen... Como te comentaba antes, mi hijo vino también como un capricho de la diosa fortuna... De repente el destino dijo: ¡Oye Arturo; lo que te toca ahora es esto! Con el tiempo he aprendido, como en la fábula china, a ser como el junco y no como el roble, a ser flexible e inclinarme al viento que sople adaptándome a lo que hay en cada momento.

 

¿Qué pasó?
Fueron una seria de circunstancias; es la ley de Murphi, por la que si algo es susceptible de empeorar, seguro que empeora. Se me juntó todo, en un periodo de apenas cuatro meses. Primero fue el cuerpo el que avisó al sufrir un infarto que me tuvo muy cerquita de la muerte. Esto aceleró el proceso de replanteamiento vital que ya venía rumiando los últimos años, sobre todo en lo relativo a mi trabajo. Este hecho, creo que influyó claramente en mi rendimiento laboral. Cometí una serie de errores de gestión, que nunca antes había tenido, que permitieron al banco, deseoso de prescindir de personal, especialmente del más caro, plantearse el prescindir de mis servicios. Así, mediante despidos improcedentes, como en mi caso, y por jubilaciones anticipadas en otros, fueron reduciendo personal. La verdad es que... bueno, me vino impuesto algo que yo, de alguna forma, venía buscando y provocando, aunque no fuera de una forma totalmente consciente, desde hacía tiempo.
Fíjate  que eso coincidió, además, lo digo por lo de la Ley de Murphi, con que, en esos cuatro meses "¿fatídicos?" había tenido un incendio en la escalera del edificio donde tenía mi casa, lo cual había provocado un nuevo siniestro, tras el robo que habíamos sufrido en casa pocos meses antes, con lo que la acumulación de partes, provocó que me dieran de baja la póliza del seguro.

 
 

Para colmo de desgracias un grupo inmobiliario había comprado todo el edificio, anunciándome que no me renovaban el alquiler, y que disponía de unos pocos meses para irme de la casa... Anduve algún tiempo muy abrumado por los acontecimientos, porque todo esto ocurrió en un lapso muy corto, cuyo colofón fue el despido del banco la primera semana de diciembre de hace 5 años. Yo me sentí un poco atropellado por todo ello... porque pensé; ¡Joder! Convaleciente de una grave afección cardiaca, me quedo sin trabajo, me quedo sin casa, no tengo fortuna, y sí una hipoteca que atender y un hijo... en fin no sé... sobre todo para quien está viviendo una vida como la que yo llevaba...

La verdad es que pasados esos primeros momentos de agobio, y dado que yo ya llevaba tiempo "despotricando" de mi trabajo, harto de hacer lo que hacía y dándole vueltas a la posibilidad de venirme a vivir aquí, pues en aquel entonces ya había comprado esta casa donde actualmente vivo, me dije: "Qué caramba, tengo una casa en el sitio maravilloso, y ya me buscaré la vida". Dicho y hecho... cogí los bártulos, un camión de mudanza que alquilé, y con mi primo Miguel, cargamos y nos vinimos para acá. Y aquí sigo.

¿Y de qué vives?
Viví durante unos años de mis trapicheos aquí o allà. Por ejemplo, voy ahora a Turquía a comprar especias, caviar, plata vieja, bisutería de oro bajo, telas... pues de esas cositas y alguna colaboración en revistas especializadas en gastronomía, trabajos eventuales como camarero, cocinero...

... eso nos lo tienes que explicar un poco más, lo de los trapicheos...
... a mi siempre viajar me ha parecido la actividad más saludable más cultural y más enriquecedora que puede hacer cualquiera. Viajar y conocer sitios y gentes. Porque tu país Alemania, por ejemplo, lo conozco bastante bien. Lo he disfrutado, fundamentalmente, a través de sus fiestas, y así conozco Colonia y su estupendo y bullicioso Carnaval ("Kölle Alaaf!"), he estado en la "Oktoberfest en München", he estado en la "Love Parade" en Berlín. Conozco Stuttgart, Tübingen, en fin, conozco bastante bien Alemania y la verdad es que me gusta muchísimo y siempre me lo he pasado muy bien allí. Luego he viajado bastante por toda Europa; Francia, Portugal, Austria, Suiza, Holanda, Reino Unido, Italia, Bélgica.

A Turquía he ido en bastantes ocasiones. Es un gran bazar, un enorme mercado donde tienes cosas maravillosas como las mejores alfombras de seda del mundo, las Hereke, las más cotizadas, ¡Carísimas! Bisutería de plata y pedrería semipreciosa, imitación a las antiguas joyas de Harem, con las que los Pashas adornaban y diferenciaban a sus mujeres de las de otros gineceos. Encuentras también un caviar exquisito, a precios razonables. En el Mercado de las Especias, o Mercado Egipcio, se puede comprar azafrán iraní, anís, páprika turco, té de manzana, de hibiscus, negro turco, pistachos, avellanas, en fin, todo tipo de frutos y frutas secas....

¿Es decir, todas esas cosas tú las compras, y las traes?
Las traigo aquí, y vendo a amigos, a particulares en general. De eso gano un pequeño beneficio que me da para pagarme el viaje y para ir tirando modestamente, pero de forma suficiente y muy confortable, no me quejo. Hago cosas muy apetecibles, como es el viajar. Aparte, monté aquí al lado una Galería de Arte. Bueno, siempre he trabajado haciendo chapucillas como camarero, de guía, escribiendo artículos y colaboraciones. He trabajado un poco de todo, he ido viendo que es lo que se podía hacer en cada momento y apuntándome al carro de... lo que hubiera. Ahora mismo también estoy llevando la administración y cuidado de algunas casas de  veraneantes, en fin, chico para todo.

Vivir, es lo que más me gusta. Vivir aquí en un clima como el que disfrutamos... Hoy por ejemplo, estamos a día 4 de diciembre,  yo estoy en chanclas, camisa de manga corta, hace un sol de justicia y esta tarde pues, me iré a pescar calamares. He estado ayer recogiendo trigueros, escribiré un rato mañana por la mañana, y a lo mejor me acerco a las Alpujarras a buscar setas y recoger naranjas esta semana.

¿Qué escribes?
Escribo de todo un poco. La verdad es que teniendo tiempo... depende. Te sientas, y lo que decía aquel escritor,  "Si vienen las musas que te encuentren dándole a la tecla". Yo escribir no me lo tomo como un trabajo, para mi es una diversión, un método para relajarme y recrearme en mis recuerdos, o para jugar con mi imaginación. Sentarme al ordenador, que es mi ventana abierta al resto del mundo, mi nexo de unión con mi vida anterior, me permite comunicarme con mi hijo, que estudia en Canadá, con mi familia, con mis amigos y en general, con quienes mantengo una fluida y próxima comunicación gracias al email. Dedico bastante tiempo a diario a atender mi correo electrónico y luego a escribir, casi siempre mirándome al ombligo, que es el tema que mejor conozco, ¡claro!
Colaboro además, con un par de revistas técnicas, haciendo críticas gastronómicas, escribiendo sobre productos, o sobre restaurantes, platos típicos, cocinas regionales o locales y aprovechando que he tenido la fortuna, en mi vida anterior, de conocer muchos y muy  buenos restaurantes, prácticamente por toda Europa, para ilustrar con datos de primera mano estos artículos.

Mira, recientemente he estado colaborando, invitado por la Universidad de Almería, en unos cursos de alimentación ecológica y tradicional que se han celebrado en Arboleas, cerca de Albox. El hecho de que me hayan invitado se debe a que uno de los organizadores había leído algún artículo mío en las revistas en las que colaboro, le gustó lo que leyó, lo encontró interesante y ameno y... pues otra chapucilla divertida con la que sacar unas perrillas.

¿Como has estudiado lo de los productos ecológicos?
Fundamentalmente en internet. Es una fuente magnífica para informarse de todo. En concreto lo referente a alimentación ecológica y lo de participar en estos cursos, me vino dado por un amigo nutricionista que fue el organizador de estos cursos de Arboleas, que es un gran conocedor del tema y que me propuso participar con él y otros expertos en la materia, de los que aprendí mucho durante las jornadas en las que se impartieron las charlas.
La alimentación tradicional y los productos ecológicos son conceptos que van muy ligados entre sí. Hay que tener en cuenta que la agricultura y la ganadería intensiva, no aparecen en el mundo hasta hace algo mas de medio siglo. Al hablar de cocina tradicional estás hablando, por tanto, de una cocina que se adaptaba a los productos que la tierra daba con el tipo de cultivo artesanal que ha habido hasta entonces. Hace medio siglo todo era agricultura y ganadería ecológica. Entonces, ¿Hay algo más ecológico que lo que la tierra produce de forma espontánea? La recolección de setas, trigueros, nueces, almendras, moras y otras frutas silvestres del bosque, junto a la pesca y la caza, constituyen el primer estadio de lo que es usar de productos ecológicos, y lo que ha sido y es el aprovechamiento de todo lo que el entorno nos ofrece de forma espontánea.

 

Pero otra cosa que te quería comentar sobre lo que estoy escribiendo y que me satisface mucho es, como te decía antes, mirándome al ombligo. Escribo sobre mis recuerdos y lo hago, digamos, en dos líneas. Una son los recuerdos de mi vida, algo así como una especie de autobiografía. La otra línea es lo que una mesa, la que actualmente preside mi galería, cuenta de lo que ha pasado a su alrededor desde que está conmigo. Es una mesa de mármol muy grande, que en su día  fue la mesa del comedor en mis dos anteriores casas; la de las grandes fiestas junto a Gran Vía, y la de Gravina, primera vivienda familiar que tuve con mi hijo Guillermo y su madre. La mesa la compré entonces, cuando nos mudamos a vivir a Chueca. Fue la primera mesa de comedor que tuvimos, una gran mesa de mármol blanco italiano con sillas de estilo a juego. Desde entonces me ha venido acompañando, sirviéndome ahora de vehículo y pretexto para, desde su punto de vista, narrar todo lo que ha pasado en mi vida en este periodo. Lo que se ha comido, lo que se ha charlado y hecho en su entorno, componen el hilo narrativo que describe mi vida de las dos últimas décadas.
Recientemente también me ha dado por escribir algo de poesía. Aprovecho los días que estoy así un poco melancólico, que ahora en otoño con el ambiente un poco más gris, es cuando sale la vena más lírica...

¿Dicen eso, no? que hay que estar o muy triste o muy alegre para escribir poesía, que sólo el amor, y más aún, el desamor y la muerte han inspirado las grandes obras poéticas... Y bueno, en eso me entretengo. Escribo para mí, no escribo para nadie, no tengo intención de publicar nada, salvo las mencionadas colaboraciones, sino por diversión propia porque además me gusta el ejercicio de memoria y acordarme, que ¡cuidado!, también escribo de lo que me acuerdo y de lo que pudo ser. Me gusta  fantasear sobre situaciones en las que pudo haber sido mejor o diferente, y además como terapia de limpieza interior, te ahorras una pasta de psicólogo.

Yo he leído hace poco una historia tuya que está publicada en un librito con el titulo: "Al cabo de todo" una historia muy bonita  en el cual te refieres a una chica que conociste en casa de Miguel y Amaya, esa chica que mencionas en nuestra conversación al principio ¿recuerdas? la chica que dices que salía de una habitación con los ojos enrojecidos e hinchados....
...Ella, si claro Ella....Ella que me hizo ver muchas cosas distintas de la vida. Me abrió los ojos a otros puntos de vista desde los que observé una realidad diferente. Tu fíjate; ¿qué tenia que ver ella con el tipo de persona que yo era? Ella es una mujer muy beligerante en el feminismo, en la ecología, en el movimiento verde radical. Encuadrada en una izquierda, también muy radical y antisistema. Conseguí que me creyera cuando le confesé lo enamoradísimo que estaba de ella, y que se enamorara de alguien como yo, que soy mas bien de tendencias conservadoras, ejecutivo, como decía Ella, de un banco pijo... bueno pues con todo ello, la verdad es que vivimos una historia de amor muy bonita, y mientras duró, que no fue poco, para mi supuso... yo creo que ella ha sido el amor mas completo y maduro de mi vida, el más profundo que he tenido. Gracias a Ella he aprendido muchas cosas que, en buena medida, han sido las que me han dado argumentos y me han traído hasta aquí.
Actualmente disfruto muchísimo de la naturaleza, de pasear por las playas vírgenes, de salir al campo. Me encanta saber que mi punto de vista es radicalmente distinto del que tenía. Quizás, ni siquiera entonces tuviera una opinión de lo que era cuidar o descuidar la naturaleza. Ahora si soy beligerante, me gusta que se cuide la naturaleza y procuro comprometerme y hacer proselitismo en pro de este propósito.
Volviendo a Ella, yo le seguía a donde fuera... iba a las playas más inaccesibles persiguiéndola, yo que algunos meses antes me negaba a pisar siquiera la arena de la playa de San José pero, precisamente por seguirla, terminé aprendiendo a disfrutar de estas cosas por mií mismo. Llegaba aquí, tras caérseme el viernes el bolígrafo de las manos a las 3 en punto a la tarde, coger el coche y, a toda leche con los muchos caballos que guardaba su capó, me plantaba en Mónsul o en Medialuna directamente, e iba tirando, con cierta rabia a la arena de la playa, la ropa que traía puesta; el impecable uniforme de bancario, la chaqueta, la corbata, la camisa, el pantalón, los tirantes, los calcetines, los zapatos de cordones, hasta quedarme desnudo y tirarme al mar, como necesitado de limpiarme de toda la basura que había acumulado durante la semana. Terminé, tras poco tiempo, bien es cierto, por apreciar, como ahora lo hago, las playas tan estupendas que tenemos, el disfrutar desnudo de la brisa, de la arena, de las límpidas aguas, del sol, de los parajes todavía  vírgenes del Parque...
La verdad es que llevo una vida que...  es la envidia de todos mis amigos y de todo mi ambiente anterior, que sigue siendo el de ejecutivos-esclavos de banca y de otro tipo de grandes empresas, enganchados a sus buenos salarios y rutinarias y, en general, monótonas y aburridas vidas. Gente supuestamente muy importante... que en el fondo envidian este otro tipo de vida, que yo sé que no es otro tipo, sino que es la vida... y me lo dicen: ¡qué suerte tienes!, ¡qué vida llevas! Cuando ellos, que podrían atreverse a hacer lo que yo... ya que se necesita muy poco para vivir como yo vivo, no se atreven a dar el salto, atados por sus autoimpuestas obligaciones y las convenciones y el "¿qué dirán?".
Lo verdaderamente sensato es aprender a vivir con lo que tienes y amoldarte a lo que haya. Yo soy rico, porque no necesito nada. Nada poseo realmente, salvo esta casa, que aún comparto con el banco, al que debo todavía un buen pico de hipoteca, y mi Galería, que es la actividad nueva que me ilusiona, me apasiona, me enorgullece y me divierte muchísimo trabajar en ella. Es un negocio muy bonito, en el que estoy conociendo gente muy interesante que me permite, además, tener mi casa llena de cuadros y obras de arte estupendas.

Hablamos de la Galería de Arte que está aquí al lado en el Pozo de los Frailes.
Si, La Galería de los Frailes se llama, y está llena de cosas bellas, bueno, cosas que mi socio y yo consideramos bellas e importantes.

La última pregunta que te quiero hacer es: ¿Tienes planes o deseos o ideas para tu futuro? ¿Quieres seguir viviendo aquí, por ejemplo?
La verdad es que, como te he dicho antes, he aprendido a adaptarme a lo que la vida decida por mí. Yo sé que tengo una cierta "capacidad de tomar la última decisión", de pegar el último empujoncito en el último momento, para que mi vida siga por una senda o por otra. Pero, en realidad, los condicionantes importantes para seguir un camino u otro en mi vida, fueron irrenunciables, irrechazables, por decirlo de alguna manera.  Han sido producto de situaciones que me han venido dadas de forma imprevista e incontrolable. Si yo hubiera hecho planes en mi vida de 5 en 5 años, para los 5 años siguientes en cada caso, digamos que a los 15 hubiera predicho lo que sería mi vida a los 20, a los 20 como sería a los 25 y así sucesivamente, no hubiera acertado NUNCA NADA, absolutamente NADA. Siempre pasaron en mi vida cosas imprevistas, acontecimientos puntuales y cruciales que cambiaron el rumbo "normal" de los acontecimientos, situaciones que me arrastraron, he de decir que de forma maravillosamente sorpresiva, positiva e ilusionante, por derroteros que hubieran sido imposibles de predecir por mi.
Yo me he empeñado alguna vez en tirar por una senda y la vida se ha encargado decirme: ¡no, no!, tú por aquí no, por allá, majete. No he controlado nunca, en lo esencial, el devenir de mi vida, y no tengo ni idea de qué es lo que va a ser de mi en el futuro, pero de lo que estoy seguro es que permanezco y permaneceré a la espera de lo que venga con ilusión y curiosidad por descubrir cual va a ser la próxima sorpresa que me traiga la vida, porque seguro que va a ser divertida.

 

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