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Hiedra

Entrevista con Hiedra, 25 de abril 2008, en Las Casillas, por la mañana, después de la clase de baile de vientre en San José.

¿Te acuerdas, cuando viniste por primera vez al Parque Natural?
Claro, tenía 18 años y vine con el padre de Alicia, mi hija, veníamos haciendo un viaje en moto. Veníamos al bar de Joe y me acuerdo que cuando puse un pié aquí en el Parque... era de noche, y cuando desperté, de día, me quedé...!! y pensé, con 18 años, un día vivo allí. Me quedé fascinada.

¿Qué te fascinó?
Todo. Todo el parque, todo. El color, la sensación de libertad, luego la gente que ví allí también. Porque era muy jovencita, todo te impresiona mucho. Entonces toda la magia del sitio lo viví, pero mucho más grande, con esa edad tan joven. Desde ese momento empecé a venir regularmente, veníamos con la moto.

¿Y dónde os quedabais?
Nos quedábamos en el Camping de Los Escullos o en casa de Ana, que tenia un apartamento donde nos habíamos quedado alguna vez. Este sitio es mágico. Luego me acuerdo que conocimos a Markus. Él vendía sus joyas en el bar de Joe. Le compré a mi hija una medalla y la ha llevado siempre. El sitio me encantó.

¿Donde vivías tú en este momento?
En Málaga.

¿Y trabajabas en Málaga?
Con 18 años estudiaba, estaba estudiando educación infantil. Me quedé embarazada muy pronto, con 20 años. Y empecé a trabajar.

¿Y cómo fue esto de quedarte a vivir aquí... cómo se llama la zona donde vives ahora?
Por las minas de Rodalquilar, en el cortijo de Las Lázaras. Yo tenia pensado venirme hacia tiempo, pero fue Markus quién me convenció definitivamente.

¿Cuándo fue?
Nos conocimos hace 4 años. El me vio bailando, pero un poco así de broma, y se enamoró de mí. Y vino ¡vamos! vino a por mi. Al fin me trajo aquí. La verdad, era complicado venirme porque con la niña cambiar todo. .. era mi sueño venirme aquí...
Con Markus empezamos con una relación de amigos. Yo, en este momento, tenia una tienda, una librería en Málaga, aparte trabajaba de telemarketing. Entonces me daban la posibilidad de estar en cualquier parte con el teléfono. Al final empezamos Markus y yo una relación. Mi problema era con la niña, como encajar todo. Pero muy bien, muy bien, muy bien. La niña va a una escuela rural, que ha sido un cambio super positivo. Porque ella venía de un colegio en Málaga con un montón de niños en la clase y allí no tienen la enseñanza individualizada de la escuela rural, con tan pocos niños. Aquí el profesor puede estar niño por niño.

   

¿Y la tienes que llevar cada mañana?
No, viene el autobús al pueblo.

¿Cuántos están en clase?
Creo que seis o siete.

Lo que me gustaría saber ahora es tu historia con el baile.
Yo llevo bailando toda mi vida. No te puedo decir cuando he empezado a bailar. Porque no me acuerdo.

¿Se bailaba en tu casa?
En mi casa yo bailaba. A mi siempre me ha encantado bailar. Llegaba del colegio y tiraba la maleta al suelo, me metía en mi cuarto y podía estar hasta anochecer bailando.

¿Tú sola?
Sola.

¿Y qué bailabas?
Bailaba lo que me encartara. Cogía una cinta de mi padre, si era árabe, porque mi padre es de Marruecos, si era árabe o flamenco, lo que hubiera en la casa, a mi me daba lo mismo. Quería bailar. Pero como era muy mala estudiante y muy atraviesa, pues, mi madre me castigaba con no llevarme a la academia. 

...qué pena...
...si, mi madre es una persona de pueblo con otra mentalidad. Yo lloraba y lloraba: por favor, llévame a la academia, y ¡no!. ...no estudiaba porque llegaba de la academia y quería ensayar lo que había hecho, y como no estudiaba, pues mi madre me quitaba. Me quitaba la radio, me castigaba sin el baile. Lo que pasa es que yo en mi cabeza tenia las canciones, entonces daba igual, yo bailaba! Me daba lo mismo, no podía conmigo.

¿Qué quiere ella que hagas?
Un trabajo fijo.

¿Y tu padre?
Mi padre tiene otra mentalidad, nació en Marruecos, en Tetuán.

¿Te quedaste embarazada muy pronto, verdad?
Me quedé embarazada estando en casa, estudiando. Iba al instituto embarazada. Seguía estudiando con mi niña en el mundo ya, luego me fui con Juanjo, el padre de mi hija Alicia, a vivir a una casa. Allí también seguía bailando, pero Juanjo tampoco veía bien la danza. Entonces tampoco podía realizarme mucho en esos años, bailaba en casa y luego monté mi  tienda, mi librería. Pero yo a las doce del mediodía tenía que llamar a mi madre o alguien, a decirle: mamá viene un momentillo, que voy a mi casa a limpiar ... ¡mentira!...  porque tenia a las doce ya en el trabajo el mono, sí sí sí... y mi madre me llamaba: tú no estas limpiando, tú estas bailando...y yo: que va, que va... y tenía que estar por lo menos una hora y media que nadie había en mi casa, ni Juanjo ni la niña, para que pueda yo bailar.

¿Cómo te liberaste como bailarina?
Fue una cosa progresiva. Me separé de Juanjo, que para mi fue un paso muy importante. Me fui soltando poco a poco. Pero sobre todo cuando vine al Parque . Este sitio a mi me ha sacado todo de una manera brutal, ¡vamos!, una explosión. Fue llegar aquí a vivir y en seguida supe que aquí podía hacerlo.

 

   

Tiene mucho que ver con Markus, me imagino.
Muchísimo. Markus me vio bailar, se enamoró de mi y me dijo: tú tienes un don increíble y tienes que fomentarlo como sea. Él me animó muchísimo a sacar todo.  Empecé poco a poco. Con los niños, dando clase de teatro e introducía bailes. Hasta que los mismos músicos que conocí, un día viéndolos me dijeron ¿por qué no participas con nosotros? Y así empezó todo. Pero me ha ido todo tan rápido que no me da tiempo de....También me acerca mucho la danza a mis raíces. Es una manera de estar conectada con mi otra vida en Marruecos, como una manera de entenderlo también.

Vas a Marruecos?
Si.

Estas dando clases de baile de vientre ahora aquí en el Parque, ¿verdad?
Si, en toda la comarca, y las mujeres disfrutan muchísimo.

¿Quién participa?
Hay musulmanas, lituanas, mujeres que han nacido aquí, inglesas, alemanas, francesas, uruguayas, mujeres de Almería, lo que hay aquí en la zona. Muchas que vienen están descubriendo a través de la danza que se pueden ver bonitas, se pueden sentir bien, están descubriendo un mundo nuevo. Y muchas están entrando de lleno. Eso para mi es supergratificante. Ahora quiero hacer una exhibición en el auditorio de Níjar. Vamos a hacerlo todas. Además ellas a mí me enseñan un montón, aprendo muchísimo de ellas. Por ejemplo a gritar. Te enseñan las bailarinas de Europa a hacer el grito, pero no es el mismo con que gritan las marroquíes. Es un sentimiento que nace dentro del vientre...

...me gustaría hablar de tu profesionalidad, ¿dónde has aprendido y dónde vas a aprender?
Mi primer curso de baile hice con 6 años, en Málaga, con un profesor de flamenco malísimo. Luego con una profesora de flamenco, era una profesora como la copa de un pino, pero duré solo dos meses, porque mi madre me volvía a castigar, como no estudiaba. En estos dos meses aprendí un montón, fíjate. Yo tenía y tengo la facilidad de que mirando me entran las cosas, y luego yo misma lo voy desarrollando, lo voy perfeccionando. Ahora hago cursos con bailarinas importantes, y así conocí a mi maestra.

   

¿Dónde vive?
En Miami. Es la hija de una  bailarina de vientre de los años sesenta muy  famosa en Estados Unidos, y su padre era músico hindú, ya falleció. Ella es mitad americana mitad india. Fusiona cualquier danza de cualquier parte del mundo.

¿Cuándo y cómo la conociste?
La conocí hace poco, en octubre 2007. Le mandé un video de lo que hacía y me mandó un mail su asistenta personal que me invitaba a un curso con 25 bailarinas profesionales, en  Hawaii en Honolulu, ¡suena  película!, y nada, cogí las maletas y me fui a Hawaii. Hice mi curso, fueron 9 días, 9 coreografías, en estilo indio, tribal, árabe, flamenco, africano, danza cíngara...   aprendí muchísimo. Ahora quiero irme otra vez, en agosto, si puedo, esta vez a Florida, porque va a hacer otro curso también para bailarinas profesionales. Me gusta aprender danzas diferentes para luego fusionarlas.

La fusión es una cosa moderna, ¿no?
En Andalucía hay muchísima fusión. Yo fusiono mucho el flamenco con el árabe, aquí tenemos mucha influencia del árabe. La fusión forma parte de mi vida. Mis raíces beréberes y mis influencias de flamenco en Málaga… a mi me sale solo. Pienso que la fusión es el futuro. Creo que estamos cada vez más mezclados. Mi sueño sería ir viajando, y de cada sitio aprender lo que se baila. Eso sería mi gran sueño. E integrarlo en mi propio estilo.

   

¿Cómo lo haces con los trajes?
Los trajes valen carísimo. Hay bailarinas que compran el conjunto, pero lo suyo es crearte tú misma los diseños, creo que ahí está la exclusividad de cada una. Los trajes me gusta fusionarlos también, mis trajes son una fusión de mis bailes, es lo mismo. Todo va hecho a mano, hasta las joyas. Tengo la suerte de que mi tía es diseñadora, entonces ella está volcada en mí. Tengo la gran suerte, porque un traje puede costar mil, mil quinientas euros, perfectamente, en la calle. Hasta las pulseras me las hace también, de piedra de Swarowsky. Ahora quiero empezar a comprar cosas que no tienen nada que ver con la danza, de Marruecos, de India... por donde me vaya viajando quiero comprar cosas que me inspiren y fusionarlo con los trajes de vientre. La verdad que tengo suerte con mi tía Bernarda, la diseñadora. Tengo suerte con mis amigos, y sobre todo con mi familia, mis padres, mi hija Alicia y mi marido Markus, que sin ellos mi danza no sería posible.